La firma de la cruz de Malta no lo ha tenido fácil para crear esta colección, pero como ellos dicen, el resultado final es lo que vale, y a la vista está. Les Métiers d’Art Les Masques es una serie exclusiva de la marca que rinde homenaje a las raíces del hombre. Pero únicamente para coleccionistas, ya que sólo hay 25 estuches, cada uno de los cuales tiene un valor aproximado de 300.000 euros. Cada caja se conforma de cuatro relojes que contienen una máscara cada uno: China, de oro amarillo; Congo, de platino; Indonesia, de oro rosa, y Alaska, de oro blanco. Todos contienen un mecanismo automático que indica las horas sin necesidad de tener agujas que las muestren. Como se puede apreciar, no se ha escatimado ningún recurso para hacer de la colección Les Masques una de las más perfectas y exclusivas de la relojería del lujo. Para ello, ha sido necesario la ayuda inestimable del Museo Barbier-Mueller de Ginebra, que ha cedido a la firma algunas de sus piezas más valiosas para que las máscaras de cada reloj sean lo más fieles posibles a las originales. Éstas están fabricadas en oro tallado a mano con diferentes técnicas que reproducen el efecto de la madera, el cobre o el pelo, según se trate.
Los cuatro relojes tienen un movimiento automático, calibre VC 2460 GS, con 25, 60 mm de diámetro, 27 rubíes con 28.000 alternancias a la hora y 40 horas de reserva en marcha. Tienen funciones de hora, minutos, día y fecha que se indican mediante cuatro ventanillas de la esfera semisaltante. En la esfera se pueden leer los versos del autor francés Michel Butor, que rodean las máscaras. El fondo es de cristal de zafiro y son sumergibles hasta los 30 metros de profundidad. La caja se presenta con una correa de piel de caimán del Mississippi color marrón oscuro, cosida a mano con acabado brillante y cierre desplegable igual que el material de la caja. Los relojes tienen media cruz de Malta en los cierres y están certificados con el sello de Ginebra, uno de los más exigentes de la relojería de lujo, que exige acabados manuales de calidad excepcional.
En el arduo recorrido, la firma recurrió a la Facultad de Ingeniería de Ginebra para confeccionar una imagen tridimensional de cada máscara. Se introdujeron los planos en un ordenador y así pudieron modificar todos los volúmenes punto por punto y encontrar la mejor forma de encajar la efigie en la caja sin poner en peligro la armonía de sus formas. La magia de la tecnología láser hizo posible la miniaturización de las máscaras, que ha hecho las reproducciones en los relojes. Una serie que a buen seguro no dudarían en obtener ilustres como el presidente Kennedy o Diana de Gales, que ya en su día estamparon su firma en un libro de oro que se guarda bajo llave en el museo de Vacheron Constantin. Al igual que los cientos de clientes que ya han confiado en la firma, un público fiel y exigente que busca en ella belleza, elegancia y distinción, excelencia técnica, diseño intemporal y maquinaria tradicional.
Por Ana I. Población

