Como un sarmiento. Pura fibra. Nada te puede hacer imaginar que de ese cimbre tan menudo, tan sequito, salga esa llamarada de voz, esa ardiente garganta flamenca que Antonio Álvarez Vélez, Pitingo, envuelve como lo hace con su cuello, con tejidos y ademanes nuevos, modernos y delicados. Dice que «el flamenco lo admite todo» pero que «los flamencos son otro cantar». No se arredra. «Pitingo con Habichuelas» descubrió al nieto de La Pitinga, le descubrió para el gran público. Ahora, le llega el turno a «Soulería», un invento, pero en el que no inventa nada nuevo porque «es música en estado puro», afirma. En él nace del flamenco para madurar en el soul, un recorrido que hace «conociendo muy bien la pureza de donde salgo. He empezado por los cimientos y voy llegando poco a poco al tejado. Y no al revés». «Soulería» también fue un espectáculo que ahora toma cuerpo de DVD. En él, Pitingo integra música, videocreación y danza flamenca contemporánea, un repertorio que este gitano de alma negra interpreta acompañado al toque por Juan Camborio y a las voces por el grupo de gospel Black Heritage Singers of New Orleans, con temas de Bob Marley, Nirvana, Ray Charles, Police, Aretha Franklin y The Beatles, entre otros. Un total de dieciocho temas en donde se mezclan cantes como la trilla y los fandangos con canciones como «Roxanne», «No woman no cry» y «Yesterday” o granaínas con «Killing me softly», «Respect» o «Let it be». En marzo, le llevará hasta Georgia, al corazón del sudoroso y almizclado sur americano donde nació el gospel, el soul, el blues... la música «de gente que ha pasado muchas fatigas». «Soul», te recuerda el cantaor, «se traduce como “alma”» y «el flamenco es un quejío». Cuenta que descubrió estos sonidos de niño, en su Huelva natal donde, incluso, formó parte de un coro de voces negras. Hoy se trata de un descubrimiento de sí mismo. «¿Qué me tiran los trastos? Que me los tiren...». Su compromiso es con el arte y «con uno mismo». Que no tiene por qué ser un compromiso estético pese a que su aspecto de James Dean caló parezca decir lo contrario. Artístico sí. Y culinario, puede. «Me gusta hacer de comer». Sí. Darse con habichuelas era una declaración de intenciones.
Por Luis Nemolato