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Pablo Álvarez, de Vega Sicilia, metió el gusanillo en el cuerpo allá por el año 2000 a este pequeño grupo de amigos, encabezado por Alfonso de Salas y formado por Julio Iglesias, Pedro J. Ramírez, Paloma Gómez Villegas, Juan González, Gregorio Peña, Enrique Sánchez y Felipe Arrizubieta, para que crearan su propia bodega, que nació como «una continuación de un proyecto intelectual». Desde entonces, no han dado pasos en falso y han logrando posicionar su vino en un lugar preferente en el mercado nacional e internacional. Los caldos de Bodegas y Viñedos Montecastro S. A. (D. O. Ribera del Duero) están distribuidos ya por 21 países y en los mejores restaurantes de la capital, como Club 31, las Cuatro Estaciones, Goizeko Wellington, Horcher o Zalacaín. Su filosofía es mantener la calidad, por eso partieron pensando en no crecer más allá de las 300.000 botellas anuales. Los accionistas quieren cuidar cada detalle. Y para muestra, el edificio que guarda los depósitos, diseñado por Roberto Valle, autor del Museo del Vino de Peñafiel, que ha conseguido convertir la bodega de Montecastro en un referente de arquitectura de vanguardia. En 2002 salió su primera añada, pero la que mejores resultados ha logrado es la de 2004, con 94 puntos de Wine Advocate (R. Parker) y la añada 2005 es aún mejor. Este éxito se debe, en gran parte, a su director técnico, Bertrand Erhard Pestel, cualificado enólogo francés.

Montecastro