
El estrés es una respuesta natural del cuerpo a las situaciones que lo amenazan y que repercute de forma notable en la estabilidad emocional y física. Se puede afirmar que es una forma de mantener alerta nuestro organismo. Aunque tiene una función positiva en el ser humano, que es la de crear un estado de atención y pronta respuesta a la adversidad, experimentarlo de forma sostenida puede afectar seriamente a nuestras capacidades físicas y emocionales.
Piel y sistema nervioso están íntimamente comunicados pues ambos tienen su origen en el ectodermo (ambos órganos se desarrollan a partir de la misma capa embriológica). Este origen común queda impreso para siempre en la llamada «memoria biológica». La piel es también el más extenso de nuestros órganos (mide aproximadamente dos metros cuadrados y pesa unos cuatro kilos), con su propia estructura y funciones exclusivas y con una rica y compleja vascularización.
La epidermis guarda una estrecha relación con el estado mental del individuo. En ella se reflejan con notable elocuencia los distintos sentimientos y emociones: vergüenza, angustia, miedo, ansiedad... El estrés también produce desajustes hormonales. Cuando una situación determinada nos produce estrés, el cuerpo reacciona produciendo hormonas con diferentes objetivos, entre ellas están el cortisol y la adrenalina. Un exceso de éstas produce un desajuste en los estrógenos y la testosterona del cuerpo y esta situación afecta de manera muy significativa a la dermis. Los principales efectos se pueden resumir en diez puntos: acné, eczema, psoriasis, picazón en la piel, caída del pelo, sudor excesivo, color rosáceo, caspa, herpes oral y urticaria.
Además, el estrés contribuye a que la piel pierda su luminosidad y se vea sin vida. Los dos pilares básicos para su cuidado son una elevada hidratación y una correcta nutrición. Si cumplimos estos dos requisitos observaremos cómo la piel ejerce correctamente su función principal: la protección. Las frutas maduras, las verduras de color verde intenso y las hortalizas deben constituir el papel más importante dentro de la dieta, pues son el grupo de alimentos que más agua contienen y que aportan una mayor concentración de sales minerales, oligoelementos, enzimas, clorofila y vitaminas esenciales para nuestra salud.
Por Beni Armada.




