
Las varices son dilataciones permanentes de las venas, con frecuencia tortuosas, originadas por la debilidad de las válvulas y paredes venosas. Se localizan preferentemente en las extremidades inferiores. La mujer, por sus características hormonales, es más propensa que el hombre: de dos a cinco veces superior, en especial en las que tienen una edad comprendida entre los 20 y los 40 años. Algunas de sus causas son hereditarias, aunque ciertos estados como el embarazo o la menopausia favorecen su aparición. Influyen también la obesidad, el estreñimiento o los anticonceptivos orales. Asimismo, son factores de riesgo las profesiones que requieren muchas horas de trabajo de pie y con poca movilidad. Incluso el uso de ropas ajustadas que limitan el retorno venoso pueden actuar también como desencadenantes.
Favorecer el flujo sanguíneo
Los síntomas más típicos son pesadez de piernas, cansancio, edema, calambres y dolor. Estos síntomas aumentan al estar de pie y mejoran al acostarse o poner las piernas en alto, porque se facilita el retorno venoso. Más adelante suelen aparecer picor o escozor y pigmentación en la piel de la zona. Las actividades que aumentan la temperatura de las piernas suelen hacer empeorar las molestias. Por ello, hay que ser prudente a la hora de tomar el sol de forma directa. El frescor o el agua fría suelen servir de alivio. La gimnasia suave también es muy útil.
Las varices, una vez que han aparecido, son incurables, por lo que las medidas terapéuticas que se adopten no garantizan de forma absoluta la desaparición de las mismas. Su tratamiento se dirige a favorecer de forma mecánica el flujo sanguíneo en sentido ascendente y a eliminar quirúrgicamente las venas varicosas superficiales con insuficiencia valvular.
El tratamiento más utilizado de las varices no complicadas es la compresión externa, como son las medias elásticas terapéuticas. Su fin es reactivar el flujo sanguíneo.
Por Beni Armada

Consejos para controlar las varices: