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Qué es el lujo para un hombre como usted? -Muchas cosas, pero para una firma como la nuestra es la ilusión por crear diseños únicos, diferentes y exclusivos. Es hacer sentir emoción a nuestros clientes con nuestras creaciones y que aprecien el trabajo que hay detrás. Ahora bien, soy consciente de que el lujo es bastante inaccesible. En cualquier caso, es nuestra pasión y tenemos que defenderlo.
-Ser el más jóven de una saga de joyeros tan prestigiosa, ¿qué significa?
-Significa que trabajas en un negocio familiar, con tu padre, tu tío... imagínate (sonríe), pero te transmiten conocimientos que son impagables. También a veces puede suponer que te cuestionen por ser el hijo de un Suárez... Pero en la balanza, sólo pesa lo positivo.
-Llevas seis años trabajando en la firma. ¿Qué has aportado?
-Un departamento de Comunicación que no existía, una dirección de márketing que no había, ideas distintas, otra forma de ver el mundo de la alta joyería, frescura, locura, picante. Necesitábamos darle modernidad, y yo vine a eso. La alta joyería quizá estaba un tanto encorsetada y anticuada.
-Su lista de clientes y su agenda debe ser uno de los tesoros mejor guardados.
-La base de datos de Suárez es un tesoro inaccesible excepto para el Sr. Suárez, es absolutamente confidencial.
-¿Qué supone ser el elegido por el Príncipe de Asturias para comprar la joya con la que pedir la mano de su futura esposa?
-Somos unos afortunados, porque indudablemente tuvo una enorme repercusión mediática y social. Es un honor. La Casa Real es cliente desde hace mucho tiempo pero no esperábamos que él nos fuera a elegir. Fue un gran favor y un orgullo. Pero también creo que fue una casualidad.
-Y la alianza está desde entonces en sus escaparates...
-Era un modelo que ya existía y, por tanto, ha de seguir donde estaba, en nuestro catálogo de clásicos.
-La venta más curiosa que ha hecho, ¿cuál es?
-Una joya que en el momento de su creación piensas que va a ser difícil de entender y el primer día que la pones no dura ni diez minutos. Ha habido joyas que han durado diez minutos...
-Usted no puede regalarle una joya a una mujer... Lo tiene demasiado fácil...
-Claro que puedo, me hace mucha ilusión, porque al margen de mi trabajo, creo que es uno de los regalos más bellos y románticos que se le puede hacer a una mujer. Y, además, me gusta que lleve el nombre de mi familia. Aunque ahora sólo le regalaría una joya a «mi» mujer (entre risas).

Por Luján Argüelles
 

Suarez
Aire fresco en la alta joyería

Emiliano