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Estas prendas –con proporciones arquitectónicas muy limpias– se convierten en pieza clave del vestuario de la nueva temporada. Hay una reminiscencia del pasado: por un lado al espíritu ye-ye de los años sesenta y por otro, al popero de los 70. Se recuperan las claves y el talante de diseñadores que marcaron tendencia en esas décadas. Es, por ejemplo, el caso de la inglesa Mary Quant, y sus vestidos como ella los llamaba cariñosamente «para las lolitas y las chicas de colegio». O también los de Pierre Cardin y Courréges con su característico Op Art y la era espacial. Ahora, se aprovecha lo mejor de estos grandes de la moda: se fusionan diversos estilos para crear uno nuevo y diferente que se caracteriza por ser más rompedor y vanguardista. ¿El denominador común? Cortes siempre por encima de la rodilla o, incluso, se puede optar por una versión todavía más mini y atrevida. Y es que, como bien decía el gran maestro YSL, «la elegancia no es significado de largo, sino que las prendas ante todo sean divertidas y tengan algo especial». En los vestidos actuales se encuentran pinceladas de tres cánones de mujer (muy dispares entre sí) que dejaron huella por su estilo personal e intransferible. Por un lado, Brigitte Bardot en sus veranos en St. Tropez con vestidos vaporosos con estampado floral. Por otro, Sofía Loren con sus escotes cuadrados y por último, Bianca Jagger, en sus locas salidas a la mítica discoteca Studio 54 de Nueva York, sirve de inspiración para los de noche.
Los nuevos cortes tienen como punto de partida las reglas que rigen el estilo lady, pero los objetivos son totalmente opuestos. Ahora la inocencia del «look lady» no tiene cabida, los vestidos de esta primavera tienen más picardía, se busca romper con la ingenuidad para dejar salir a una mujer más atrevida y sensual. Estas pautas se perciben sobre todo en los escotes y en las mangas. Los primeros se amplían generosamente: en forma de V, cuello halter, escote barco o cuadrado de grandes amplitudes. Si va cerrado, incluye telas vaporosas –generalmente gasas– que dejan entrever el interior. Un claro ejemplo de estos detalles son las propuestas de Moschino y Just Cavalli. Asimismo, las mangas también sufren una transformación, tienen plena libertad de movimiento y multitud de versiones: abullonadas, con una sola manga, con adornos, tirante ancho... Para la paleta de colores, se apuesta por los tonos llamativos, fuertes y con personalidad: rojos, verdes y azules que luzcan con intensidad. Cabe destacar que hay dos que desbancan al resto: el blanco total (Loewe, BCBG o Ángel Schlesser son sólo algunos nombres que han sucumbido a sus encantos) y el amarillo. Éste deja de ser un color ligado a las supersticiones para convertirse en uno de los más codiciados por la frescura y la fuerza que desprende. Los estampados vuelven a cobrar gran importancia. Las flores –en tamaño pequeño– se adhieren a los vestidos otra temporada más y conviven con los dibujos abstractos, imitando al Op-Art. Por esta vertiente han optado diseñadores como V&L, Moschino Cheap and Chic o Iceberg. Está claro, que esta primavera toca lucir piernas: Lo mini ahora es maxi.

Por Estefanía Ruilope

Mini
Vestidos

Amarillo con detalles de flores a lo largo del escote (500 € aprox.), de BCBG. Tel. 91 562 52 42