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Una «Experiencia Sensorial». Así definen los huéspedes su paso por The Westin Valencia. El aroma a té blanco que se respira en todas las estancias, la combinación de luces, estratégicamente elegidas para cada ambiente, o los 1.850 metros cuadrados de jardín en el patio interior nos recuerdan que una vez Einsten dijo: «Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo». Valencia es distinta. Es la ciudad de la luz, de la pólvora, del fuego y de la Luna. Y también del agua.
La que fue reino gracias a la reconquista de Jaime I, cuenta ahora con los cimientos de un Westin. Desde hace seis meses, en el llamado centro del modernismo, se puede «tocar un trozo de cielo». Podemos despertar en las conocidas como camas celestiales (Heavenly Bed), exclusivas de la cadena Starwood, y para cuyo desarrollo se invirtieron treinta millones de dólares. Celebrities de la talla de Bruce Springsteen, Claudia Schiffer, Kevin Costner, Adrien Brody, Elle McPherson, J.K.Rowling o Fernando Alonso en su última visita a la ciudad han soñado entre sábanas de 250 hilos y edredones de pluma. Se ha elegido el Art Decó Americano como solución decorativa en todas sus habitaciones. Y se ha pensado en los que necesitan espacio... La Suite Real, la más grande de la ciudad, con 180 metros cuadrados, un salón, una biblioteca, una pequeña bodega y dos jacuzzis, uno interior y otro en la terraza.
Valencia es distinta. Es un «balcón al mar» con sabor a mediterráneo, a sal, y a flor de naranjo. Y a paella. El conocido restaurador local, Óscar Torrijos, inauguró el pasado mes de enero su restaurante dentro de las dependencias del hotel. Una cocina de autor, con una Estrella Michelín. El «Oscar Torrijos» dispone de una terraza dentro del patio interior del edificio. Comer en el centro de un oasis, rodeados de palmeras, el árbol sagrado para los fenicios (Dios Palmera), el símbolo de la fertilidad para los hebreos o árbol de la vida para los árabes. Valencia ha sido el lugar elegido para la celebración de la Copa América, el trofeo deportivo más antiguo del mundo. Climatología y orografía se dan la mano. En 1851, se celebró la primera regata. Recogen los historiadores una frase como reflejo del espíritu del torneo: «No habrá segundo», comentada a la Reina Victoria durante la celebración. Es un duelo, la respuesta a un desafío. Puede que no haya segunda competición en aguas de Valencia. Pero, Valencia es distinta y «si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo»... Ya lo dijo Einstein.

Por Luján Argüelles
Westin
Valencia
La impresionante fachada del hotel deslumbra en las noches levantinas