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El sentido cíclico del tiempo que nos atrapa nos devuelve los años sesenta, sus tendencias, sus aires de libertad que se querían respirar; la minifalda, en versión mini vestido, que no le gustaba a Manolo Escobar, la corta hija de Mary Quant, que hacía extensible la feminidad hasta los zapatos de plataforma, que también regresan para elevarnos la autoestima y la moral. «Back to the future», o el futuro era ayer. No sólo reaparece José Tomás en Barcelona como se presentaron los «Beatles» en Las Ventas. Marta Sánchez lanza nuevo disco para satisfacción de una legión de fieles que se quedó colgada de su sexy y su «Soldado del amor», una canción golfa para nuestras tropas del Golfo, en plan Marilyn, tan Kennedy, tan rubia. Marta viene a decirnos: «Soy yo la que sigue aquí». Cargada de la fuerza que nos confiere a las mujeres ser madres. Frotémonos los oídos, limpiémonos los ojos para que nos deslumbre su nítido torrente de voz. Nombres de antaño destellan también en los carteles, un nuevo Sebastián Palomo Linares que trae el CARÁCTER de la guerrilla sesentera de su padre, el gran Palomo, el último diestro que cortó un rabo en Madrid, y la clase de su madre, Marina Danko, que ha diseñado un hijo, un hombre, de impacto, del siglo XXI. Sebastián rompe, con sus dos carreras, Derecho y Empresariales, los moldes estandarizados y tópicos del torero iletrado, la vieja estampa del maletilla canino. Hoy no da más «cornás» el hambre. O sea, que la pura afición es la que ejerce de motor. No es ya ningún niño que venga a jugar al toro. Trae las ideas y el gesto maduros. Y un estilo personal y definido. Todo vuelve, las golondrinas sus nidos a colgar, el «flower power» de la primavera, los descapotables que se escotan, el amor, la libertad para volar tras la ilusión, sin revisionismos históricos de ciencia ficción.

 

Regreso al futuro

por Verónica Zabala