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Tiene el aire de un bistrot parisino y el servicio grato de un elegante restaurante español de los de antes. Se llama El Chiscón de Castelló (91 575 56 62) y está ubicado en lo que fue carbonería burguesa del madrileño barrio de Salamanca. La cocina, manejada con rigor y mimo por el chef Antonio Maquedano, tiene antecedentes vascos y se desenvuelve en trazos contemporáneos, aunque sin espumas porque sí ni esferificaciones banales. Uno de sus plus radica en el servicio, que no sólo es atento y profesional, sino escrupuloso en el manejo de los tempos. Algo que, desgraciadamente, ya no es frecuente en la restauración hispana.
Un de los muchos detalles que a diario se cuidan en el local es el consejo sobre armonías entre platos y vinos. Se atreven hasta con los supuestamente inmaridables alcachofas, y como ejemplo unos corazones de alcachofas al vino de montilla con ajillo de langostinos, nos lo armonizan con un Creu de Laxit, de uva Xarello y D. O. Penedés. En tono más comedido, eligen un Fra Guerau Crianza de 2003 y D. O. Montsant, para encajarlo en sensorialidad con unos tacos de atún rojo, marinados al aceite de sésamo.
Cada año, El Chiscón organiza un concurso de relatos gastronómicos que en la edición de este año tuvo como lema «La cocina y los siete pecados capitales». Los tres primeros premios ex aequo fueron para del cuento de rechifla antropológica y culinaria «Misioneros», de Herminia Dionis Piquero; «El poder de la palabra», de Ramón Cabrea Naveiras, ambientado en la posguerra española; y «Dev(oración)», una narración con buen pulso y ambientada entre las paredes de un convento, de Enma Pedreira Lombardía.
En paralelo, el chef de El Chiscón diseñó unos menús en los que cada uno de los pecados capitales se asocia a un color: amarillo para la soberbia, negro en la avaricia, rojo para la ira, naranja en la lujuria, verde como la envidia, azul de pereza y arco iris para la gula. Las creaciones son tan sugerentes como merluza con almejas en salsa verde envidia o lomo de atún rojo, aceite choricero y uvas de la ira.

Por Miguel Ángel Almodóvar
El Chiscón de Castelló
Corazones de alcachofas al vino de montilla armonizados con un Creu de Laxit, de uva Xarello