Llevar a una de las mujeres más elegantes de España en la portada de nuestro
tercer número es un auténtico lujo para «Caracter». Paloma Cuevas no es uno
de esos personajes que se prodigue en las revistas, porque desde hace años
optó por la discreción. Tiene el don de la prudencia y sabe muy bien que la
elegancia, como ella misma dice en la entrevista que sirve de eje de esta
edición de invierno, «es una cuestión de aptitud y personalidad». Por eso,
su mayor virtud no reside en la forma con la que luce un Valentino o posa
ante las cámaras, sino en su forma de ser, estar y entender la vida. El
mérito de Paloma Cuevas es ser la luz en la sombra de una de las mayores
figuras de la historia del toreo y haber sabido mantener, a la vez, la
balanza equilibrada entre sus proyectos profesionales «sin que a Enrique le
falte nunca mi apoyo». Palomita no concibe estar de brazos cruzados: se
licenció en Empresariales en la Universidad de Boston y, aunque muchos lo
desconozcan, dirige la empresa de aceite de oliva que fundó junto a su
marido en Jaén, diseña colecciones de joyas para Yanes que resultan ser un
éxito y se enfunda un traje de enfermera para viajar a Lourdes sin que esto
trascienda más allá de su entorno íntimo. En más de una ocasión ha superado
en la lista de las más elegantes a la Reina de Jordania y ahora la han
eligido para sustituir a Isabel Preysler –el «glamour» por excelencia de la
sociedad española– en el famoso y fabuloso anuncio de Ferrero Rocher. Y es
que el bombón es ella. Por dentro y por fuera. Esto lo sabe Enrique Ponce
desde hace más de diez años y lo saborea.
