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O amar en tiempos revueltos. Pocos creen en el clásico «contigo pan y cebolla», porque a ver quién es el guap@ que después de la época «happy hour», del dos por uno, la hipoteca blanda y el crédito fácil, halla ahora la felicidad con el cinturón apretado como la cincha el flaco «Rocinante». Hay que ser Quijote para meterse en aventuras, pero ante nuestro «Especial Bodas» rebrota la ilusión como lo hará la próxima primavera, y la ilusión del día «D» y la hora «H» en que das el paso al frente y ya no vale echar la vista atrás debe bañarlo todo en blanco satén. Somos de una generación demasiado cómoda que ha escuchado de lejos los viejos cuentos de la madre que partía a la aventura del matrimonio con un ajuar escaso, el horizonte del piso de alquiler y el ligero equipaje para tan largo viaje… Habrá que tirar de «Carácter» para remontar, de este número que redecora tu vida para tan señalada fecha, que ha de ser inolvidable punto de salida aunque luego tengas muchos otros puntos para olvidar. Blanca y radiante va la novia, y yo desearía para mi hija un novio como José María Manzanares -y con otro estado civil en el DNI también para servidora-, como querría cualquier madre del universo. Hechuras, carisma, simpatía, belleza y valor ante el toro, porte y empaque ante las cámaras de los fotógrafos de moda de medio mundo. El aura del triunfador en su mandíbula de soldado romano victorioso. Quiere José Mari comerse el mundo de un bocado con sonrisa inmaculada, la hegemonía de los ruedos por la esencia del clasicismo, distinguirse entre la nueva hornada de toreros por el sello de la personalidad y la elegancia. Y romper el círculo que encierra y aleja el toreo de la juventud y la modernidad, respetando el rito en la plaza pero atravesando caducos clichés en la calle y en la vida. Manzanares, en nuestra portada, invita a la boda, al amor en estos tiempos de crisis. ¡Cuántas dirían «contigo pan y cebolla»! Ahora sí, ¿no?

 

Amar en crisis

por Verónica Zabala