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Vincent van Gogh, Vladimir Nabokov, Günter Grass, Enrico Fellini, Karl Lagerfeld, Ferdinand Porsche, el Príncipe Carlos de Inglaterra o el Príncipe de Asturias son algunas de las personalidades que no se han podido resistir a utilizar alguno de los útiles y accesorios de escritura de Faber-Castell, una firma alemana que tiene historia. Y doy fe de ello al ver sentado frente a mí al propio Conde de Faber- Castell, Anton Wolfgang. Es director ejecutivo de la compañía y miembro de la octava generación de la familia fundadora, «aunque la rama Castell está ya en la generación 26», especifica el directivo, que lleva ya treinta años al frente de la empresa. Los primeros años para él fueron difíciles, porque tuvieron que reestructurar sus gamas de productos, que estaban muy centradas en utensilios para medir. Comenzaron a poner más empeño en la escritura moderna, y también tuvieron que afrontar los retos del inicio del diseño gráfico por ordenador.
De esta forma, Faber-Castell ha pasado a ser un compañero para toda la vida. Entre sus productos está la gama roja, para los niños de 3 a 12 años, y también los Premium, la gama alta que lleva por nombre Graf Von Faber- Castell. Su estrategia podría definirse como de pinza, ya que consideran como fundamentales dos extremos: niños, porque son el futuro, y premium, porque son los líderes de opinión. No sólo ponen interés en la estética, haciendo auténticas piezas de colección artesanales, sino en investigaciones. Las últimas, cerebrales, porque, según él, «demuestran que utilizar las manos desarrolla nuestro cerebro». Por favor, un lápiz...

Por A. I. P.

Faber-Castell

 

A la izquierda tenemos un plumín de la marca que cada dos años hacen una jornada de puertas abiertas en el castillo para las familias de los empleados.