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Cumplir años sólo resulta gratificante en la infancia y, a veces, en la adolescencia. Recuerdo cuando siendo una jovencita, deseosa de llegar a los 18 para poder hacer mi santa voluntad (una ingenuidad más de la adolescencia), mi madre sonreía para advertirme: «Verás como piensas distinto dentro de unos años; a mi edad, pasan de dos en dos, sin enterarte y con la sensación de que se te escapa algo». Aquella aseveración materna, tan rotunda, me parecía una exageración, porque va un trecho de sentir que el cumpleaños no llega nunca a perderte uno cada dos. Ahora, con la Navidad a la vuelta de unos días, me viene a la memoria la frase de mi madre, a mi edad bastante certera, porque me resulta imposible hacerme a la idea de que ya han pasado 12 meses desde que la víspera de Nochebuena, corriendo como siempre, me dediqué a comprar regalos para que el Olentzero (Papá Nöel vasco) los dejara esa noche debajo del abeto. Pero la realidad se impone y, superado el trance de pensar que me queda un año menos de vida, toca ponerse las pilas, cambiar el ánimo e intentar imbuirme del espíritu navideño para contagiárselo a quienes estarán cerca estos días. La Navidad tiene una parte religiosa, mística, unida al nacimiento del niño Jesús; otra lúdica, vinculada a la celebración dentro y fuera de la casa y una tercera consumista, que nos invita a dar y recibir regalos. Así pues, como casi todo en la vida, estas fechas tienen su lado positivo y alegre, pero también el negativo y triste, procedente del recuerdo de aquellos seres queridos que ya no están entre nosotros, porque se han ido para siempre. No sé por qué estos días agudizamos la nostalgia que sentimos por su ausencia, mucho más que en su onomástica o en la celebración de Todos los Santos. Con todos estos pensamientos, está claro que son los niñ@s quienes disfrutan de estas fiestas, llenas de afectividad, magia e ilusión. Bueno, a pesar de todo, de la crisis y también de la recesión: «Feliz Navidad y que lo peor de 2009 sea lo mejor de 2008».

 

 


Dulce Navidad

por Carmen Gurruchaga