Este número llega impregnado de brisa fresca, de olor a yodo y sal sobre la cubierta de un yate en alta mar. De espuma blanca, de suaves olas derramándose sobre la fina arena de una playa de las Maldivas; del fondo cristalino del océano, del contraste de sus colores y del coral; de las dos orillas del Bósforo y de los atardeceres sobre el cráter del Ngorongoro... Llega con Mar de fondo, que vuelve para borrar, como el agua que rompe sobre una huella que quedó grabada en la orilla, un nombre escrito en la cresta del «tsunami» que salpicó su vida. «El hecho de que me hayan intentado hundir me ha hecho más fuerte», dice. Regresa como actriz, productora y empresaria, con la madurez y la serenidad que dan el paso de los años y el peso de la familia. Dice, en la entrevista concedida en primicia a CARACTER, que no busca una posición social, sino que quiere ser ella misma. Mar decidió hace tiempo agarrar las riendas de su vida con firmeza para dirigirla hacia donde ella quiere llegar: su consolidación en el cine y la de su propia marca, Mar Mar Flores: «Este año apuesto por mí», sentencia. Tiene muy claro lo que quiere. Ha aprendido a medir sus palabras y sus gestos, y se sorprende ante los comentarios que la sitúan como una mujer fría. Quien la conoce, sin embargo, la describe como «sencillamente humilde». Presume de que actualmente puede elegir lo que hace y huye sin tapujos de la televisión, donde le han ofrecido varios proyectos interesantes. Después de verano comenzará la promoción de su última película, «Los años desnudos. Clasificada S», que produce y protagoniza. Eso sí, ya no volverá a dar puntada sin hilo. Ahora camina aconsejada por su agencia de comunicación, ya que, según confiesa, «no me tiro a la piscina sin agua. Me he tirado muchas veces, pero sin agua ya no me tiro más».
